domingo, 30 de agosto de 2009

164 سورة البقرة

اِنّ في خلْقِ السموتِ والارضِ واختِلافِ الّيْلِ والنهارِ والفُلْكِ الّتي تجرِي في البحْر
 بما يَنْفَعُ الناس وما انزل الله منَ السماءِ منْ ماءٍ فاحيا به الارض بعد مَوْتِها وبَثَّ
 فيها مِنْ كُلِّ دَابّةٍ وتَصْرِيفِ الريحِ والسحابِ المُسَخَّرِ بَيْنَ السماءِ والارضِ لايتٍ لِقوْمٍ يعقِلونَ



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Böses Ohmen für Nahost

Die linksliberale israelische Zeitung Haaretz schreibt:
„Während unserer ganzen Herrschaft in den (palästinensischen) Gebieten haben wir die jeweils existierende Führung zerstört, was zum Aufstieg extremistischerer Herrscher führte. Wir zerschlugen die palästinensische Behörde von Jassir Arafat, der einer Zweistaaten-Lösung zugestimmt hatte und in der Lage war, Vereinbartes durchzusetzen. Wir verursachten die Machtübernahme durch Hamas im Gaza-Streifen. Und nun kultivieren wir die dritte Phase: al-Qaida.“
Erschienen in Michael Thuman, Die Zeit online (19.08.2009)

Fünf Vorschläge...

...zur Entwicklung arabischer Gesellschaften.
Akram Baker, in Die arabische Antwort auf Obama, bringt in der Zeitung Die Zeit (20.08.2009 Nr. 35) fünf Vorschläge zur Sprache wie die allgemeine Situation in den arabischen Ländern zu verbessern sei:


1. Sie sollten einen arabischen Sondergipfel einberufen und das Angebot aus dem Jahr 2002 an Israel erneuern: volle diplomatische Anerkennung im Tausch gegen das Ende der Besatzung. Dabei sollte ein Zeitplan eingehalten werden und der diplomatische »Boykott« Israels nach und nach aufgegeben werden. Als erster Schritt könnten israelischen Verkehrsflugzeugen Überflugsrechte für den arabischen Luftraum gewährt werden. Durch diese Initiative bekäme die US-Regierung ein effizientes Druckmittel gegenüber Israel in die Hand. Sollte es sich nicht an die Abmachungen halten, könnten diese Rechte leicht wieder außer Kraft gesetzt werden.

2. Sie sollten den Irak durch Diplomatie und Sicherheitspolitik unterstützen. Obama hat diesen Krieg nie gewollt, und er braucht die größtmögliche Unterstützung, um ihn zu beenden. Verständlich, dass die arabische Welt nicht bereit war, das von der Regierung Bush/Cheney hinterlassene Chaos zu beseitigen, doch die Zeiten haben sich geändert. Wenn die arabischen Regierungen dem Irak aus der Klemme helfen, dürfen sie nicht nur auf die Zustimmung der USA, sondern auch ihrer eigenen Völker rechnen. Ein demokratischer Irak könnte ihnen zeigen, dass Demokratie funktionieren kann und dass auch ein relativ friedlicher Übergang möglich ist.

3. Sie sollten einen Sonderfonds für die Bildungsförderung auflegen. Wenn die arabische Welt sich aus ihrer Erstarrung lösen und den ihr zustehenden Platz in der internationalen Gemeinschaft einnehmen soll, so muss sie zunächst eine Bildungsreform in Angriff nehmen. Das erfordert Geld, Kompetenz und Zeit. Die muslimischen Länder verfügen in reichem Maße über die ersten beiden Ressourcen, doch die Zeit, um etwas zu verändern, wird knapp.

4. Sie sollten die Extremisten isolieren. Die gefährlichen Täuschungsmanöver der radikalen Islamisten und der arabischen Regierungen müssen aufhören. Beide Seiten sind für schreckliche Gewalttaten verantwortlich und bewegen sich seit 30 Jahren in einer Abwärtsspirale – in einem Spiel, bei dem es nur Verlierer geben kann. Leider ist die Moschee praktisch der einzige Ort, wo die Menschen sich relativ unbehelligt von staatlicher Kontrolle organisieren können. Wenn die arabischen Staaten religiöse Bildung legitimieren und der Bevölkerung eine echte und lebensfähige politische Alternative anbieten, haben sie die Chance, die wirklich Radikalen – in Wahrheit sind es einige wenige – zur Bedeutungslosigkeit zu verurteilen. Sobald die verdrehte Ideologie der Extremisten bei den besitzlosen und desillusionierten Massen kein Gehör mehr findet, sind solche Gruppen für immer Geschichte.

5. Sie sollten eine Generalamnestie erlassen für militante Kämpfer, die bereit sind, sich ihren Taten zu stellen und der Gewalt abzuschwören. Jeder, der sich wieder in die Gesellschaft eingliedern will, sollte dabei unterstützt werden. Wenn frühere Taten, so schlimm sie auch sein mögen, entkriminalisiert werden, dann bekommen beide Seiten die Chance für einen Neuanfang – ohne dass das Damoklesschwert von Verfolgung oder Todesstrafe über ihnen schwebt. 

Ramadan


"...Es geht um Enthaltsamkeit, um die Zähmung unserer auf das Diesseits gerichteten Wünsche und Bedürfnisse. Ein zeitlich begrenzter Ausstieg aus der Konsumlogik unseres Alltags. Eine Zivilisationskritik, die dem westlichen Diskurs eigentlich nicht fremd ist..." Deniz Baspinar (Kölümne, Die Zeit)

domingo, 10 de mayo de 2009

Los Moriscos: Historia de una Minoría.

Congreso Internacional.
Fundación El legado andalusí
Granada, Parque de las Ciencias, 13 a 16 de mayo 2009.

domingo, 1 de marzo de 2009

Qué gran ayuda-Qué maravillosa herramienta: صلاة الاستخارة


صلاة الاستخارة

ركعتين: سورة الكافرون & سورة الاخلاص
الدعاء
اللهم إني أستخيرك بعلمك, واستقدرك بقدرتك, وأسألك من فضلك العظيم, فإنك تقدر ولا أقدر, وتعلم
ولا أعلمو وأنت علام الغيوب, اللهم إن كنت تعلم أن هذا الأمر ويسمى حاجته خير لي في ديني
ومعاشي وعاقبة أمري فاقدره لي, ويسره لي, ثم بارك لي فيه, ؤإن كنت تعلم أن هذا الأمر شر لي في ديني ومعاشي وعاقبة أمري عاجله وأجله فاصرفه عني واصرفني عنه, واقدر لي الخير حيث
كان, ثم أرضني به

sábado, 28 de febrero de 2009

Brevisimo Esbozo del Derecho Islámico


EL DERECHO ISLÁMICO.

Cualquiera que se acerca por primera vez el estudio del Islam es sorprendido por algo inesperado, la centralidad que ocupa el Derecho (Fiqh). Efectivamente, interesado por conocer una religión, el curioso descubre que, en lugar de mitos, teología o sistemas éticos o morales, el Islam le ofrece de entrada y como cuestión primordial el Derecho, el cual ha conocido una elaboración y un desarrollo extraordinarios en el seno de la civilización musulmana. Desanimado, ese buscador de espiritualidad se retira calificando al Islam de legalista y ritualista.
Primero, hay que subrayar que el término Derecho para volcar al castellano la palabra Fiqh, empobrece los contenidos de la idea islámica. El Fiqh es el estudio pormenorizado de todo lo que el Islam enseña sobre las acciones posibles del ser humano. El Fiqh aborda todas las cuestiones prácticas y explica la opinión del Islam sobre ellas y detalla los juicios que hace al respecto: abarca desde la regulación de las devociones al derecho de familia, el penal o el mercantil, etc. Esto quiere decir que al musulmán le interesa, por delante de toda otra cosa, actuar en conformidad con la Revelación.
El Fundamento del Islam -su Doctrina- es sencilla y, en lo esencial de ella, coinciden unánimemente todos los musulmanes: Allah es Uno y Muhammad es su Mensajero. Una vez sabido esto, el musulmán procura conformar su vida a las exigencias de esta enseñanza. El Islam es rendir la vida ante Allah-Uno al modo en que lo enseña su Mensajero. Esa vida ‘vivida’ en la acción conforme al Islam es la manera mejor y más eficaz de profundizar en las significaciones emancipadoras contenidas en la sencillez de ese Fundamento.
El occidental que se acerca al Islam y espera encontrar una sofisticada enseñanza espiritual en la que devanarse los sesos queda defraudado cuando tropieza con la claridad y sensatez de un mensaje que exige, sobretodo, acción, y funda, por tanto, un Derecho. No es que el Islam sustituya la profundidad de unas reflexiones sobre teorías siempre cuestionables, sino que orienta al musulmán a una vivencia de lo trascendente en su cotidianidad, regulada por enseñanzas prácticas, las cuales, ejecutadas, le dan la tranquilidad de existir en medio de la Voluntad de su Creador.
En el cristianismo, por ejemplo, se ha explotado al máximo la teología para justificar dogmas muy difíciles de asumir y hoy, ante el desinterés que suscita dicha teología, la sustituye por una moral igualmente cuestionada por su artificialidad. En las religiones orientales se pone el acento en especulaciones ascéticas y místicas accesibles sólo a una minoría de monjes que se retira del mundo. El Islam es otra cosa. Su cosmovisión no necesita de justificaciones interminables y alambicadas, y su espiritualidad no contiene exigencias desorbitadas. Dirigido a todos, el Islam da forma en la realidad a sus principios básicos, y eso es a lo que llamamos Fiqh.
El estudio del Fiqh es indispensable. El Islam se construye sobre la práctica de una acción que tiene su vórtice en Allah. Comprender esto es esencial para empezar a intuir el verdadero secreto del Islam. Se trata de una gran exigencia: la vida no es sustituible por lucubraciones sobre el espíritu, sino que encuentra su pleno sentido al ajustarse a su Fuente.
Pero, paradójicamente, el Islam no presenta su Derecho de un modo cerrado. Al contrario, la aparente rigidez que sugiere un manual de Fiqh se disuelve cuando se constata que hay escuelas de Derecho distintas, con discrepancias importantes entre sí, pero todas ellas son consideradas legítimas. Es más, se acepta que puedan surgir nuevas corrientes. Y ello no es menoscabo de nada de lo dicho hasta aquí.
El estricto legalismo y ritualismo del Islam cae por su propio peso cuando se constata algo así. Es cierto que un occidental que se acerca con curiosidad a conocer el Islam puede encontrar dificultades para superar esa primera impresión de legalismo y ritualismo, pues la diversidad de los sistemas jurídicos suele escapársele o la explica como simple oposición entre ‘sectas’. Sin embargo, esa diversidad es consustancial al Islam. Bástenos señalar ahora que esa riqueza de posibilidades tiene que ver con el rigor y seriedad con la que los musulmanes han estudiado la Revelación que se les ha hecho en el Corán y en la Sunna.
El Fiqh es una elaboración humana sobre las instrucciones que el Corán y la Sunna dan orientando la acción del musulmán. Es el resultado de un enorme esfuerzo de ordenación y deducción. Empezó como simple casuística hasta estructurarse en torno a sólidos criterios y una metodología rigurosa. Ese esfuerzo (Iŷtihâd) es el mérito humano ante Allah. En cierta ocasión, el Profeta (s.a.s.) dijo: “Quien realiza un esfuerzo por discernir (en la Revelación) y acierta obtiene dos recompensas, una por el acierto y otra por el esfuerzo. Si se esfuerza y se equivoca, obtiene una recompensa”. Es decir, el Iŷtihâd es un bien en sí, por encima de su propio éxito. De ahí que en el Islam hayan proliferado escuelas distintas, todas ellas legítimas desde el momento en que se han propuesto cumplir con la finalidad de desentrañar lo que Allah quiere del hombre.
Musulmanes en Occidente, se encuentran con graves escollos a la hora de concretar el Islam en la vida diaria. Si el Islam fuese simplemente una doctrina y una ética y sus exigencias no fueran otra cosa que cumplir con ciertos rituales, tales problemas no se plantearían. Pero resulta que el Islam penetra en todos los campos de la vida, y con frecuencia choca con una realidad que va en otro sentido. ¿Es posible adecuar el Islam a esas circunstancias? Históricamente, el Islam ha ido creando sus propias comunidades, todo un mundo (el Dâr as-Salâm, la Casa de la Paz) en el que los valores y las tensiones giraban en torno a un universo de significaciones que ha sido atacado y desestructurado. Esa Casa de la Paz ha sido sustituida por una sociedad que tiende a inspirarse en lo que se le ofrece desde fuera, y también se tiende a relegar el Islam a una dimensión interior e individualista ajena a su esencia. Si en el propio Islam tradicional se vive una gran crisis, la situación fuera de él, aquí en Occidente, no puede estar sometida a contradicciones menores. Nos encontramos, pues, ante un gran desafío.
El Fiqh, el Derecho musulmán, no puede ser reinstaurado a base de decretos oficiales que obliguen a una vuelta artificial a la Ley Revelada. Tampoco su recuperación puede ser el fruto de un deseo individual o una práctica solitaria. La renovación del Islam será el resultado de un esfuerzo que devuelva a los musulmanes su independencia, y ésta debe abarcar todos los aspectos de la vida. Estos procesos no son rápidos, y tal vez exija el empeño de varias generaciones. Nos toca aportar nuestro grano de arena a dicha empresa, recordando siempre que ese esfuerzo ya de sí es un mérito.
Pero esa aportación no puede consistir en contribuir desde nuestra ignorancia, nuestras obsesiones o nuestra frivolidad. El desafío actual exige a los musulmanes un rigor al menos semejante al desplegado en su momento por los que hicieron posible una Casa de la Paz. El Fiqh no puede ser nunca abordado desde la estrechez de quienes simplemente buscan un patrón a imitar ciegamente ni desde la inconsciencia de quienes opinan sin fundamento alguno. No se trata ni de repetir lo agotado ni de desatender el legado que hemos recibido. Es necesaria una difícil formación enciclopédica que se combine con un sólido entendimiento que sean capaces de combinarse para dar como fruto una herramienta útil para todos los musulmanes, de modo que el objetivo -la constitución de una Comunidad iluminada por la Revelación- se cumpla en la realidad presente.